Un lugar para la introspección, meditación, y para agradecimiento
por la belleza de la Creación. Cuando se comparte tiempo de vida
con el Lago de Atitlán, su eterno y cambiante paisaje despierta
en nosotros el reconocimiento a la infinita capacidad creadora que
posee la Madre Naturaleza. Un área ecuménica que puede ser utilizada
para diversos fines. Tanto el exterior como el interior despierta
en uno sensibilidad para percibir las vibraciones del Lago de Atitlán.
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